Días de arena y cal es un libro de viaje y carretera sobre la fiesta de los toros. Escrito por Juan Guillermo Palacio, narra las peripecias de un viaje que emprendió a España y Francia en los años 2006 y 2007. Fue editado y publicado por él en diciembre del 2012. Este blog es el complemento, la segunda prte de ese viaje.
sábado, 2 de marzo de 2013
Este es el capítulo 1 del libro. Para que te antojes.
1
LA DIOSA EUROPA
Ocho once dos mil seis
Un toro puede ser tan peligroso como una mujer. Son los seres más hermosos y perfectos. La relación de sus formas corresponde a la teoría de la zona áurea que explica la belleza: "El segmento menor es al segmento mayor como este es a la totalidad"
1. Ninguno es del todo aprehensible. Entre más se conocen, menos se comprenden y más obsesión generan. Por eso son peligrosos. Las mujeres experimentan cambios inexplicables, inciertos, carentes de lógica. Los toros, en cambio, son más predecibles: al menos delatan su objetivo con claridad. Las mujeres no.
El toro en su lucha desarrolla comportamientos que potencian su belleza: alcanza el galope de un caballo, la fuerza de un elefante y la velocidad de un guepardo. Son capaces de repetir su embestida de forma acompasada y de perseguir humillando si se les excita por bajo, dejando relucir su morrillo prominente de la misma forma que una mujer desnuda cuando se posa bocabajo en el lecho apoyada en sus extremidades. Tienen la particularidad de perseguir con lentitud. Algunas de estas condiciones han sido cultivadas por el hombre para que transmita sensaciones artísticas. Por eso ejercen tanto magnetismo. Hasta los toros de Osborne, que pastan hieráticos en los campos de España, llaman poderosamente la atención. Porque son toros. No se le presta especial interés a una valla
publicitaria que tenga la silueta de un avión o la figura de una rata de laboratorio, que en las carreteras de España no existen porque sólo están permitidas las que tienen la silueta de un toro. Se detiene la mirada ante la valla que tenga el cuerpo casi desnudo de una mujer, ante un toro de hojalata de Osborne cuando aparece de repente entre dos riscos semidesérticos de un paraje español o cuando el verde intenso de una finca de la cordillera de los Andes se llena de manchas negras con pitones.
Ambos, el toro y la mujer, rigen mi destino. También otros asuntos conexos como la laberíntica vida en las ciudades, las expresiones estéticas que surgen del desarrollo industrial, las profundas motivaciones que llegan a tener los seres humanos,
14
el poder de la amistad y contar historias. Toros, cultura y bellas mujeres abundan en España, la vieja civilización y la joven demócrata: mi próximo destino.
9 y 55 minutos de la noche en la siempre fría Bogotá. La luna que se esconde tras la niebla tiene la forma de los cuernos de un toro. El capitán de la nave, un Boeing 767 200 de la empresa Avianca, anuncia el despegue hacia Madrid. "4.000 metros de visibilidad reducida al despegar y viento en calma", narra sin ganas por el pequeño parlante. "Entonces se puede torear", le digo a David Jaramillo, mi compañero de viaje, otro contagiado por el mismo virus. A su lado, una cincuentona con postura de intelectual nos mira de reojo. "Es la de mayor
antigüedad", repunta David refiriéndose a su ubicación en la silla del costado izquierdo de una hilera de tres que parece un paseíllo de toreros.
Pasan las horas dentro de un artefacto que ruge como un animal salvaje. El viaje se hace largo y monótono, como una
corrida mala. Sólo nos acompaña la oscuridad infinita del océano, rota horas después por el sol del otoño que se levanta a través de las ventanas presurizadas. Delata ojeras, rostros sin retocar y la incomodidad de cuerpos adheridos a sus vestidos por el sudor. También me acompaña la nostalgia. El corazón es una máquina de sentimientos encontrados, los mismos que expresó con acierto el maestro Pepe Dominguín cuando su familia le dijo adiós a Colombia.
Este tiempo ha sido de plenas satisfacciones en todos los aspectos, profesional y socialmente. Dejamos muy buen cartel y muchísimos amigos, que serán para toda la vida, convirtiendo el cariño y el afecto en algo todavía más cercano, en hermandad, en sensación y certeza de que nuestra unida familia se ha aumentado con… (una larga y apretada lista que haría el relato interminable). Todos ellos, y nosotros, el día de la partida sentimos el nudo de la congoja en el alma, y blandamente, humanamente, mezclamos largos abrazos y algunas lágrimas irremediables. ¡Colombia, cuánto nos has ayudado! ¡Cuánto te debemos! Pero debes saber que si el cariño paga algo de este tipo de deudas –impagables–
estás pagada. Pisamos tu tierra, como nuestra casa, gozamos con tus triunfos y padecemos con cualquier daño que puedas sufrir.
2
Mi Gente, 1941
Sólo le agregaría que algún día la fiesta brava, tan solemnemente
hispana, tendrá que nutrirse del ritmo de los tambores negros de las fiestas de la Costa Pacífica colombiana y del sabor con el que las tataranietas de las esclavas africanas, en la Costa Caribe, levantan sus faldones al bailar la cumbia, como si fuesen capotes con los que torean a sus hombres.
El vuelo transcurre normalmente. Resulta inevitable pensar que en la bodega de estos aparatos comparten aún espacio equipos electrónicos de última generación con espadas de acero de tipo medieval y muletas que son prototipo de las usadas por Francisco Romero en el siglo 18. Diez horas
después por fin tocamos tierra. "1:33 de la tarde, 28 grados centígrados. Bienvenidos a Madrid, aeropuerto de Barajas", anuncia el comandante por el pequeño parlante. Una ciudad de tierra semiárida y sano ostento nos da la bienvenida. Nuestros pies dibujan una cruz en el eurosuelo imitando a los toreros cuando pisan el ruedo de una plaza por primera vez. Para mí es el inicio de una aventura, "hacer la Europa", la reconquista de una tierra que a kilómetros de distancia rige mi destino y mi más enconada pasión, mi fiesta brava, esa manifestación del hombre que ha conjugado por única vez tres elementos de la existencia que parecían irreconciliables: la vida, la muerte y el arte.
Este
road movie en formato impreso aún está por escribirse.
Dicen los toreros:
Y no es tan fácil como decir solamente adiós.
Andrés Calamaro, diestro del rock and roll
Suscribirse a:
Comentarios (Atom)